Un programa IPM bien diseñado reduce incidencias, protege la certificación IFS/BRC y evita sanciones de la autoridad sanitaria.
En la industria alimentaria, la presencia de plagas no es solo un problema higiénico: es una amenaza directa a la seguridad del producto, a la certificación de la empresa y a su reputación comercial. Las normas IFS Food, BRC Global Standard y el Reglamento (CE) 852/2004 exigen la implantación de un programa de control integrado de plagas (IPM, Integrated Pest Management) documentado y auditado.
El IPM es una estrategia que combina medidas preventivas, de vigilancia y de intervención para mantener las poblaciones de plagas por debajo de los umbrales de daño económico y sanitario, minimizando el uso de plaguicidas. A diferencia del tratamiento puntual —que actúa sobre el síntoma—, el IPM actúa sobre las causas que permiten la entrada y proliferación de plagas.
La primera línea de defensa es impedir la entrada de plagas. Esto incluye el sellado de grietas y juntas en paredes, suelos y techos; la instalación de mallas en ventanas y rejillas de ventilación; el uso de cortinas de aire en accesos de carga; y el mantenimiento de puertas de cierre automático. Una auditoría de exclusión debe realizarse al menos dos veces al año.
Las plagas necesitan alimento, agua y refugio. La gestión correcta de residuos, el almacenamiento de materias primas en contenedores herméticos, la eliminación de agua estancada y el orden en almacenes son medidas que reducen drásticamente el atractivo del establecimiento para roedores, cucarachas y moscas.
Un programa de vigilancia eficaz incluye una red de trampas de captura para roedores e insectos rastreros, equipos de captura de insectos voladores (ILT), y puntos de inspección visual en zonas críticas. Los registros de capturas permiten detectar tendencias y actuar antes de que una incidencia se convierta en infestación.
Cuando las medidas preventivas no son suficientes, la intervención debe ser proporcional, selectiva y documentada. Los plaguicidas utilizados deben estar autorizados para uso en industria alimentaria (Registro de Plaguicidas de Uso Ambiental del MAPA), y su aplicación debe realizarse fuera de las horas de producción, con los protocolos de seguridad alimentaria establecidos.
Requisito IFS/BRC: documentación completa
Las auditorías IFS Food y BRC exigen que el programa IPM esté completamente documentado: plano de la instalación con ubicación de todos los puntos de control, fichas técnicas de los productos utilizados, registros de inspección y capturas, y certificado de la empresa de control de plagas. La ausencia de cualquiera de estos documentos puede resultar en una no conformidad mayor.
Antes de una auditoría IFS o BRC, es recomendable realizar una preauditoría interna del programa IPM. Los puntos más frecuentemente observados por los auditores son: ausencia de plano actualizado con puntos de control, registros de capturas incompletos, productos plaguicidas sin ficha técnica actualizada, y falta de formación documentada del personal.
Grupo Santal diseña e implanta programas IPM adaptados a los requisitos de cada norma de certificación. Nuestros técnicos conocen los criterios de auditoría IFS, BRC y FSSC 22000, y pueden acompañarte en el proceso de preparación.